Puertas del Bosque: serenidad citadina

El sonido del agua al deslizarse por una fuente de cantera realzada por el colorido de las flores de lavanda que la rodean: la antesala de la grandiosa fachada colonial de Puertas del Bosque recibe a los huéspedes que buscan encontrar, en plena Ciudad de México, un hotel a la vez tradicional y con lujos contemporáneos para relajarse y descansar en una atmósfera tranquila, con seguridad y privacidad.

 

 

La historia de esta casona aislada del ajetreo de una de las metrópolis más grandes del mundo se inscribe en el corazón mismo, en el origen de nuestra mexicanidad: el primer dueño de la hacienda que alojaba molinos de trigo fue nada menos que Martín Cortés, hijo del conquistador. Con el paso del tiempo, las Fábricas de Papel de Loreto y Peña Pobre utilizaron estos molinos como estructuras para hacer papel.

 

 

Fue en 1985 que Nice to See You adquirió la hacienda con el fin de transformarla, a partir de un concepto de hospitalidad donde conviven sus distintos periodos históricos y aportaciones artísticas, donde se realza la calidez de sus espacios personales y únicos, decorados con vestigios de otras épocas, reliquias y naturaleza que  invitan tanto a la introspección como al convivio. Cuando en 2010 el hotel abrió sus puertas, este recinto protegido actualmente por el INAH se convirtió de inmediato en un oasis para experimentar una estancia agradable y relajante.

 

 

No parece que el tiempo transcurra sino lentamente en los pasillos, la biblioteca —donde espera un antiguo piano y una pared con frases pintadas a mano—, los jardines o las 18 habitaciones de Puertas del Bosque, que debe su nombre a la cercanía del poco conocido bosque de Tlalpan, un área natural protegida al sur de la ciudad. Certificados de excelencia de Tripadvisor, Booking o el reconocimiento Small Luxury Hotel of the World avalan una experiencia de confort y originalidad en una casona donde se respira el olor a azahar que despiden sus jardines.

 

 

Desayunos continentales, detalles estéticos contemporáneos, sorpresas entrañables al recorrer los pasillos y las áreas comunes, así como al adentrarse en el lujo y la comodidad de sus habitaciones, al acelerar el paso en el gimnasio o beber un café americano en la Terraza de los Naranjos… la inspiración y la tranquilidad florecen en un ambiente que invita a vivir la plenitud, justo en medio del trajín de una de las ciudades más grandes del mundo.

 

 

Texto: Carlos Vicente Castro

Fotos: cortesía de Puertas del Bosque 

 

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