TaAG Arquitectura: el taller de los detalles

México DESIGN / Edición 48

“Imaginarios del futuro”

En 18 años de labor, Gerardo Ayala García de Quevedo, arquitecto titular de TaAG Arquitectura, ha aprendido el arte y la técnica de diseñar, proyectar y construir. “Definitivamente es una cuestión de aprendizaje, de estilo de vida. Vas evolucionando como persona y como profesionista. Eso te marca en la forma de trabajar”.

Gerardo Ayala (Guadalajara, 1980) tenía 20 años cuando, en el 2000, recibió su primer encargo profesional. “Estaba en la universidad, en cuarto semestre. Una amiga de mi mamá necesitaba un loft en el jardín de su casa. Para mí fue muy simbólico porque siempre tuve claro que quería tener mi propio despacho, trabajar en lo que me gusta: hacer arquitectura”.

 

TaAG Arquitectura, que tiene su sede en la capital de Jalisco, maneja diferentes escalas de proyectos: mobiliario, diseño de interiores, vivienda residencial y multifamiliar o edificios institucionales. A lo largo del tiempo también se ha dedicado a la investigación estética.

“Es un taller de arquitectura. Nos gusta el trabajo artesanal. Somos un despacho que fluctúa entre siete y once personas. Somos de escala pequeña porque nos gusta involucrarnos en los detalles. Cuando el despacho crece te vuelves más administrador que arquitecto. Un taller pequeño te permite estar en todos los proyectos, que seas tú el ejecutor. Básicamente construimos lo que diseñamos”, describe Gerardo Ayala.

Del sencillo loft con el que comenzó y que sigue funcionando, el taller realizó, luego de 18 años de trayectoria, un proyecto muy grande, de 39 mil metros cuadrados, en Cancún. “Está en el kilómetro cero, en el linde de la ciudad de los cancunenses con la zona turística. Consta de tres torres y 144 departamentos. No tiene nada de escala pequeña, pero nosotros ganamos el concurso”.

También es emblemática de TaAG la Casa EM, de 633 metros cuadrados, “para una familia de cuatro miembros, con hijos adolescentes. Tenía que funcionar en varios niveles de interacción simultánea, con espacios independientes que podrían participar del mismo acontecimiento, sumándose uno a otro para mayor aforo de visitantes”. Se trata de una residencia sobria, en la que cristal, piedra, madera y enjarre blanco contrastan con la abundante vegetación seleccionada y las fugas visuales, propias del terreno en forma de diamante.

Otros proyectos que Gerardo Ayala menciona con orgullo son las Oficinas Corporativas Andares y un manatiario en Chiapas. “Extendimos el concepto para hacer un centro cultural, turístico, recreativo, para ver a los manatíes y aprender de ellos y del ecosistema. Hay un carisma integral porque se educa a la población sobre cuestiones medioambientales. Lo hicimos para que la gente pase ahí los fines de semana y genere derrama económica en la zona”.

Gerardo Ayala García de Quevedo estudió arquitectura en el ITESO, donde se graduó con honores y recibió mención honorífica por su tesis teórica. Además cuenta con estudios de posgrado en música. “La universidad te enseña a pensar, establece bases y criterios germinales. El resto de la formación es propia: hacer investigación personal e introspectiva, así como estar actualizado en las tendencias y características del entorno. La otra es la experiencia práctica: puedes ser arquitecto teórico, pero para diseñar hay que saber construir”.

En TaAG Arquitectura la investigación es central. Gerardo Ayala reflexiona: “La arquitectura no ha tenido un gran avance tecnológico aplicado. Hemos ampliado la capacidad de los elevadores, las cuestiones verticales y de cimentación, aunque la tecnología no ha permeado tanto en la arquitectura como para cambiarla o redefinirla. Seguimos construyendo como hace sesenta años. A lo mejor con claros más amplios, edificios un poco más altos o esbeltos en perfiles. De cualquier manera la tecnología continúa siendo la misma, incluso la robótica aplicada a la vivienda no ha resultado tan ultrarrevolucionaria como se pensó que sería ahora, casi en 2020, si bien el sujeto contemporáneo es muy diferente al de hace 50 años. Las necesidades físicas, materiales y espirituales han cambiado muchísimo. Hemos llegado, por cuestiones económicas, a la reducción del mínimo del espacio habitable. Eso evidentemente tiene sus pros y sus contras”.

Desde que estudiaba comenzó a trabajar, lo que le aportó una actitud de aprendizaje con las personas de las que se rodea, “desde el albañil hasta el fontanero. Siempre te encuentras con cosas que no prevés. Estoy muy abierto a escuchar a la gente, sus opiniones, sus técnicas y a hacer un consenso. A veces el ego te hace creer que porque tienes un título sabes más. Cuando crees que ya sabes todo, perdiste”.

Gerardo Ayala reconoce que en su taller “todos los proyectos nos motivan porque tienen un reto y cierta complejidad. La casa unifamiliar es muy interesante, ya que se necesita un análisis íntimo del cliente para diseñarla. Es casi psicoanálisis o catarsis. Los edificios, por cuestión emblemática, siempre son atractivos. Nos están pidiendo mucho departamento y uso mixto, lo que también tiene su reto y encanto, aunque es un trabajo más despersonalizado porque no hay un cliente definido, sino que lo rige el mercado. Las inmobiliarias dan parámetros, metros y estándares. A nuestros proyectos siempre les damos un twist, un poco más de lo que nos pidieron”.

TaAG Arquitectura cuenta con proyectos y obra construida en diferentes ciudades de la república, desde Monterrey hasta Cancún, pasando por San Luis Potosí.

“Una casa o un edificio de aquí no funcionaría si se cambia a Cancún o a Ciudad de México; debe responder a otro tipo de cuestiones como las geográficas y climáticas, incluso a las costumbres y formas de vivir, que son muy diferentes en las diversas zonas del país”.

¿Qué le gustaría diseñar y construir a Gerardo Ayala en el futuro? “Un pequeño hotel boutique en alguna playa como Tulum, una casa a pie de playa o en un risco, o en algún entorno complicado. Hace año y medio participamos en una convocatoria para llevar a cabo un centro cultural en Afganistán y quedamos en la preselección. Algo así, que tenga que ver con el desarrollo personal en un contexto ideal y en uno complicado, ya sea en otro país o en un lugar con carga histórica fuerte”.

Texto: Víctor Ortiz Partida

Fotos: cortesía

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