Un Chiapas para sorprenderse

Con chaleco salvavidas color naranja, sobre una lancha y bajo el calor de Chiapas. Por el río Grijalva y a la derecha monos araña, a la izquierda la cueva de los búhos y de repente, ante la sorpresa de todos los que navegan, una de las grandes maravillas naturales de México: el Cañón del Sumidero donde todo se ve chiquitito y la belleza grandotota. Inspirados en el cañón de cinco kilómetros de profundidad, C Cúbica Arquitectos creó la arquitectura del Museo del Niño de Tuxtla Gutiérrez, Primer lugar en la categoría Espacios Lúdicos del Premio AAI Nacional de la Asociación de Arquitectos e Interioristas de México, y acreedor de Mención Honorífica en la categoría Cultural Museums de la World Wide Biennial of Interior Design and Landscape 2018 – 2019, organizada por el Consejo Iberoamericano de Diseñadores de Interiores.

 

 

 

El Museo del Niño de Tuxtla Gutiérrez contó con recursos gubernamentales para su construcción y cuidado, pero Emilio Cabrero, Andrea Cesarman y Marco Coello, socios de C Cúbica Arquitectos, también pensaron en su auto sostenibilidad y en el ahorro de energía y recursos, por eso los sistemas de captación pluvial, la fachada doble para aprovechar el aire natural y los espacios comerciales en renta.

 

 

“Una reinterpretación de la orografía de Chiapas”, explica la firma de arquitectos fundada en 1990 en Ciudad de México sobre la fachada y la vista exterior del museo dedicado a los niños, pero también a la cultura del bello estado al sur de México; a “los pliegues y la majestuosidad” del Cañón del Sumidero, por eso el uso de lajas locales y las láminas de metal, recreando la monumentalidad del hogar de cocodrilos, monos araña y jaguares.

 

 

En forma de “U”, el interior del museo alberga en sus seis mil metros cuadrados un parque abierto a todos para compartir con su comunidad, salas de exhibición temporales y permanentes, espacios para talleres, un auditorio con capacidad para más de cien personas, terrazas, oficinas, locales, cafetería y servicios básicos. Para ingresar al Museo del Niño de Tuxtla Gutiérrez no hace falta un chaleco salvavidas, pero sí la capacidad de sorpresa que resguardan los niños.

 

 

Texto: Dolores Garnica

Fotos: Jaime Navarro, cortesía de C Cúbica

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